Un corresponsal de masacre no es un corresponsal de guerra, un corresponsal de masacre está junto al masacrador gozando de la protección que le confiere su cercanía. Un corresponsal de masacre está seguro, cobijado, a cambio ofrece su labor de panegirista servil, de desinformador público... de burdo propagandista.
Allá por 1974/75/76, se desarrolló en Tucumán, el tristemente célebre operativo "Independencia", curiosamente llamado así, pues llama poderosamente la atención que justamente quienes estaban a favor de la dependencia más estrecha y feroz, lo denominasen de ese modo.
La campaña de acción psicológica que desplegó la inteligencia militar, para desinformar a la población, acerca de lo que allí sucedía - ustedes dirán: que otra cosa se puede esperar de la inteligencia militar y tienen razón - contó con tres destacadísimos puntales, sin cuya "excelsa" participación no se podría haber mentido y ocultado tanto: la agencia oficial Télam, La Nación y Clarín.
El corresponsal de masacre "estrella" de La Nación fue Héctor Domingo Padilla y el de Clarín era: ¡cha-cha-chá-chán... cha-chán! ¡Joasco Morales "Dudosas" Solá!
El corresponsal de masacre "estrella" de La Nación fue Héctor Domingo Padilla y el de Clarín era: ¡cha-cha-chá-chán... cha-chán! ¡Joasco Morales "Dudosas" Solá!
Veamos algunas de las cosas que escribían estos -en aquel entonces- relatores negacionistas del genocidio. Crónica del diario La Nación: el nuncio apostólico Pío Laghi dijo que "los valores cristianos están amenazados por una ideología que el pueblo rechaza, y la Nación reacciona como cualquier organismo vivo, que genera anticuerpos ante los gérmenes que quieren destruir su estructura y se defiende sirviéndose de los medios impuestos por la situación". Luego hasta el propio Laghi negó haber expresado "la mayor parte" de estos conceptos y lamentó la tergiversación de frases que sí dijo haber pronunciado, añadiendo que los militares manipulaban la prensa a su antojo.
El autor de la nota citada -Héctor Domingo Padilla- fue el corresponsal de La Nación y "premiado" por Bussi en 1976, se convirtió en el jefe de prensa de la gobernación tucumana. El ex funcionario/corresponsal afirma ahora que los militares atribuyeron a Laghi haber dicho que "la doctrina católica consideraba legítimo matar elementos marxistas sin respetar los derechos humanos" Y más allá de si el nuncio se lo dijo o no - al nuncio le saldremos con los tapones de punta en otra oportunidad - esto era lo que publicaba, difundía y propagandeaba La Nación en aquél entonces. Y aún en tiempos del menemato este tipejo firmaba notas procedentes de Tucumán (1997) para La Nación, en las que parecía tomar distancia de su gobernador -el criminal Bussi- al reconocer que la provincia atravesaba por una situación de desastre laboral, con un 36,60% de índice de desocupación.
Respecto del Joasco... veamos primero esta foto, en la que se lo puede ver ingresando al centro de detención clandestino la Escuelita de Famaillá, con un grupo de... ¿ex compañeritos de servicio militar? ¿O acaso se trata de la supervisión de grupos de tareas a cargo de "Adelito" Vilas? ¿No es el tal Adel el que está delante de Joasco, que lo observa encantado de participar de tan magna cruzada?
La foto es de 1975, Joasco dice que fue tomada en épocas democráticas, sin embargo, a no ser que se haya producido una invasión armada extranjera a la provincia de Tucumán en aquél entonces, de la que nadie se enteró, vaya a saber porqué oscura razón, no parecen ser gentes muy afectas a procedimientos democráticos los que se encuentran allí retratados.
Él mismo -Joasco- llegó a escribir para La gaceta de Tucumán y Clarín, que la actuación del General Adelito Vilas era “la respuesta del Ejército a la intolerancia ideológica”, deshaciéndose en elogios para con el represor criminal que, blanca palomita, no hizo otra cosa que proteger a "la gente" del demoníaco accionar de la guerrilla "maoísta-marxista-leninista-roja-comunista-apátrida-atea y destructora de la familia".
A esta altura es conveniente aportar algunos datos contextuales: la mentada guerrilla, la Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez del ERP llegó a reunir apenas 90 hombres, mientras que el accionar criminal represor, desatado con el decreto de María Estela Martínez de Perón e Italo Luder -que ordenaba "aniquilar el accionar de los elementos subversivos que actuaban en la Provincia de Tucumán- se cargó con la vida de más de mil tucumanos. Además, aniquilar el accionar de Juan, no necesariamente significa aniquilarlo a Juan. Claro está que no se podía esperar otra reacción de parte de estos brutos, que estaban esperando se les diera el pretexto legal, para acometer sus tropelías criminales.
Sobre todo es de hacer notar que los mismos militares no creían que lo más importante fueren las acciones bélicas, sino, la lucha cultural contra la construcción de la patria socialista primero y luego contra todo obstáculo que encontrasen para el mantenimiento de las estructuras de privilegio feudal, en aquella provincia en la que "el familiar" - un mítico perro voraz y diabólico - se cobró durante más de un siglo de modo misterioso, la vida de cualquiera que osara tocar un cobre de algún patrón de ingenio azucarero.
Allí es que sirvió Joasco. Es extraño que hace poco más de un año haya declarado que la actuación de Adelito fue una “gestión criminal”, y que “lamenta que haya muerto sin que la Justicia lo haya llamado nunca a rendir cuentas sobre lo que hizo en Tucumán”, extraño, porque no escribió lo mismo durante aquella época.
Igualmente raro es que en principio no recordase si esa foto fue sacada en la entrada del centro clandestino de detención, tortura y muerte llamado la Escuelita de Famaillá, así como que no estuviese seguro de que fuere él, el de la imagen; aunque luego de unos días se dio cuenta que sí, que es él efectivamente.
Claro: estaba haciendo periodismo y en época democrática.
El señor de campera negra que se observa a su izquierda portando una cámara fotográfica fue reconocido por una sobreviviente, como el fotógrafo que retrataba a los prisioneros al ingresar al centro, siempre antes de las torturas.
Todos ellos sabían que la guerrilla jamás pudo controlar un tercio de la provincia, sin embargo estos corresponsales de masacre lo escribían, y otros panegiristas detestables - como Rosendo Fraga - sostienen eso aún hoy. El ERP no llegó siquiera a controlar la pequeña franja que los informes militares dicen que controló: el 6% del territorio tucumano. Esto es prueba de que, si los militares mentían, Joasco y sus amigos, quintuplicaban la mentira.
Joasco afirma que en esos días estaba amenazado por la Triple A, sin embargo, no hay nada que haga pensar que alguien de la contextura ideológica de él, hubiese provocado en la Triple A algún sentimiento distinto del amor. Luego, los trabajadores de prensa que recibían las denuncias de presiones o amenazas sufridas por sus compañeros periodistas en aquellos días para reclamar por su seguridad, libertad y vida, niegan haber recibido alguna denuncia de Joasco. Tomaron sí cientos de denuncias, pero ninguna de Morales Solá.
Morales "Dudosas" dice que en 1976 él estaba en Buenos Aires y que nunca había conocido al criminal Bussi, sin embargo, en la página 5 del diario La Gaceta de Tucumán del 8 de junio de 1976, en la nota titulada “El gobernador Bussi agasajó al periodismo” aparece una fotografía a cuatro columnas, en la que se ve al genocida acompañado de funcionarios y periodistas, entre los que se encuentra: uy, uy, uy, diría su amigo Pinedo, EL JOASCO.
Y a pesar de que luego "olvidó" que lo conocía a Bussi, en abril del '76 escribió en la tapa del diario tucumano, que había que celebrar la llegada al gobierno de Tucumán de este gran hombre: “El general conoce el ámbito local y no ignora las necesidades y las urgencias de la provincia”. Pasó también que ante la justicia declaró Joasco que en aquella época vio cadáveres, en muchas oportunidades, pero no en centros de detención clandestinos, a los que claro ¿como habrían de invitarlo los militares siendo periodista? Los vio a la vera de las rutas y caminos o diseminados en el campo. Es también, por demás extraño que, siendo periodista, no se le haya ocurrido escribir algo al respecto. ¿O será que tal cosa, cadáveres amontonados a la orilla de una ruta, no despiertan el interés periodístico en individuos como Joasco?
Si supo escribir pomposamente - en cambio - que:
“Han pasado ya 36 semanas, el tiempo de una gestación. (La Operación Independencia es) el primer síntoma de que las Fuerzas Armadas adoptaban una posición ofensiva frente a la intolerancia ideológica (…). La presencia militar ha aquietado las aguas siempre turbulentas y, como barridas por un fuerte viento, han desaparecido huelgas, manifestaciones y disturbios.”
Él mismo -Joasco- llegó a escribir para La gaceta de Tucumán y Clarín, que la actuación del General Adelito Vilas era “la respuesta del Ejército a la intolerancia ideológica”, deshaciéndose en elogios para con el represor criminal que, blanca palomita, no hizo otra cosa que proteger a "la gente" del demoníaco accionar de la guerrilla "maoísta-marxista-leninista-roja-comunista-apátrida-atea y destructora de la familia".
A esta altura es conveniente aportar algunos datos contextuales: la mentada guerrilla, la Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez del ERP llegó a reunir apenas 90 hombres, mientras que el accionar criminal represor, desatado con el decreto de María Estela Martínez de Perón e Italo Luder -que ordenaba "aniquilar el accionar de los elementos subversivos que actuaban en la Provincia de Tucumán- se cargó con la vida de más de mil tucumanos. Además, aniquilar el accionar de Juan, no necesariamente significa aniquilarlo a Juan. Claro está que no se podía esperar otra reacción de parte de estos brutos, que estaban esperando se les diera el pretexto legal, para acometer sus tropelías criminales.
Sobre todo es de hacer notar que los mismos militares no creían que lo más importante fueren las acciones bélicas, sino, la lucha cultural contra la construcción de la patria socialista primero y luego contra todo obstáculo que encontrasen para el mantenimiento de las estructuras de privilegio feudal, en aquella provincia en la que "el familiar" - un mítico perro voraz y diabólico - se cobró durante más de un siglo de modo misterioso, la vida de cualquiera que osara tocar un cobre de algún patrón de ingenio azucarero.
Allí es que sirvió Joasco. Es extraño que hace poco más de un año haya declarado que la actuación de Adelito fue una “gestión criminal”, y que “lamenta que haya muerto sin que la Justicia lo haya llamado nunca a rendir cuentas sobre lo que hizo en Tucumán”, extraño, porque no escribió lo mismo durante aquella época.
Igualmente raro es que en principio no recordase si esa foto fue sacada en la entrada del centro clandestino de detención, tortura y muerte llamado la Escuelita de Famaillá, así como que no estuviese seguro de que fuere él, el de la imagen; aunque luego de unos días se dio cuenta que sí, que es él efectivamente.
Claro: estaba haciendo periodismo y en época democrática.
El señor de campera negra que se observa a su izquierda portando una cámara fotográfica fue reconocido por una sobreviviente, como el fotógrafo que retrataba a los prisioneros al ingresar al centro, siempre antes de las torturas.
Todos ellos sabían que la guerrilla jamás pudo controlar un tercio de la provincia, sin embargo estos corresponsales de masacre lo escribían, y otros panegiristas detestables - como Rosendo Fraga - sostienen eso aún hoy. El ERP no llegó siquiera a controlar la pequeña franja que los informes militares dicen que controló: el 6% del territorio tucumano. Esto es prueba de que, si los militares mentían, Joasco y sus amigos, quintuplicaban la mentira.
Joasco afirma que en esos días estaba amenazado por la Triple A, sin embargo, no hay nada que haga pensar que alguien de la contextura ideológica de él, hubiese provocado en la Triple A algún sentimiento distinto del amor. Luego, los trabajadores de prensa que recibían las denuncias de presiones o amenazas sufridas por sus compañeros periodistas en aquellos días para reclamar por su seguridad, libertad y vida, niegan haber recibido alguna denuncia de Joasco. Tomaron sí cientos de denuncias, pero ninguna de Morales Solá.
Morales "Dudosas" dice que en 1976 él estaba en Buenos Aires y que nunca había conocido al criminal Bussi, sin embargo, en la página 5 del diario La Gaceta de Tucumán del 8 de junio de 1976, en la nota titulada “El gobernador Bussi agasajó al periodismo” aparece una fotografía a cuatro columnas, en la que se ve al genocida acompañado de funcionarios y periodistas, entre los que se encuentra: uy, uy, uy, diría su amigo Pinedo, EL JOASCO.
Y a pesar de que luego "olvidó" que lo conocía a Bussi, en abril del '76 escribió en la tapa del diario tucumano, que había que celebrar la llegada al gobierno de Tucumán de este gran hombre: “El general conoce el ámbito local y no ignora las necesidades y las urgencias de la provincia”. Pasó también que ante la justicia declaró Joasco que en aquella época vio cadáveres, en muchas oportunidades, pero no en centros de detención clandestinos, a los que claro ¿como habrían de invitarlo los militares siendo periodista? Los vio a la vera de las rutas y caminos o diseminados en el campo. Es también, por demás extraño que, siendo periodista, no se le haya ocurrido escribir algo al respecto. ¿O será que tal cosa, cadáveres amontonados a la orilla de una ruta, no despiertan el interés periodístico en individuos como Joasco?
Si supo escribir pomposamente - en cambio - que:
“Han pasado ya 36 semanas, el tiempo de una gestación. (La Operación Independencia es) el primer síntoma de que las Fuerzas Armadas adoptaban una posición ofensiva frente a la intolerancia ideológica (…). La presencia militar ha aquietado las aguas siempre turbulentas y, como barridas por un fuerte viento, han desaparecido huelgas, manifestaciones y disturbios.”
Dr. Poronghetti


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